
¿Qué tal si fuéramos capaces de dar un paso atrás, y en lugar de ir por delante o llevarles de la mano, señalándoles los caminos andados, permitiéramos que fueran ellas y ellos quienes tuvieran la oportunidad de elegir sus necesarias experiencias sensoriales, motrices y afectivas?
¿Qué tal si en lugar de juzgar cada uno de los pasos que dan a nuestro lado o lejos de nosotros, cada una de las palabras que dicen, cada una de las propuestas que hacen, fuéramos capaces de permanecer en silencio, escuchándoles, sin pensar si es bueno o malo, si está bien o mal, permitiéndoles abrirse y desplegarse como son en realidad, auténticos?
*¿Y qué tal si todo este trabajo lo hiciéramos primero con nosotras y nosotros mismos, tan castrados, tan dirigidos, tan castigados y premiados, tan queridos, tan manipulados... Y fuéramos capaces de respetar nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra mente; de no juzgarnos; de no juzgar a los demás; de atender nuestras auténticas necesidades? ¿Qué clima crearíamos en nuestra familia, en nuestro hogar? ¿Qué suerte de corriente liberadora, respetuosa y pacífica? ¿Acaso no zambulliríamos en ella a los más pequeños, que chapotearían con gozo libres y seguros?
Y sentirá, dramáticamente, cómo el alimento que más le nutre de todos, el amor, se escurre entre los dramas cotidianos y es incapaz de llegar a su necesitada piel.
Son las palabras que encuentro para dar forma a mis vivencias emocionales junto a mis hijos, en el proceso de crecimiento mutuo, un crecimiento que es mío, mucho más que suyo, ellos simplemente están ahí, siendo, guiándome con destreza y naturalidad, cuando por fin me dejo, hacia lo más sencillo. La vida en su plenitud.
Se necesita mucho tiempo, y mucho silencio, para comprender. Al menos yo.
Las palabras que elijo para hablar del encuentro con los Wild y de lo que allí contaron también son mías. Como bien dijeron ellos, "las palabras son jaulas", y muchas veces nos impiden expresarnos con certeza, llegar a acuerdos, hacernos entender, sentir que "hablamos de lo mismo". Si lo leyeran, seguro que pondrían reparos y matices, quizá sentirían que no son las palabras adecuadas, que no expresan exactamente lo que ellos cuentan... Los Wild no conceden entrevistas, ni gustan de salir en los papeles, y para los interesados en su obra, remiten directamente a los libros de Rebeca, cuatro hasta el momento en castellano, y muy próximamente anunciaron un quinto, de conversaciones entre jóvenes de El Pesta:
-Educar para ser. Vivencias de una escuela activa. Ed Herder, 1999.
-Calidad de vida. Educación y respeto para el crecimiento interior de niños y adolescentes. Ed. Herder, 2003.
-Libertad y límites. Amor y respeto. Lo que los niños necesitan de nosotros. Ed. Herder, 2006.
-Aprender a vivir con niños. Ser para educar. Ed. Herder, 2007.
Las charlas de Rebeca y Mauricio
Junto a Rebeca y Mauricio Wild, en el seminario de introducción que ofrecieron en El Escorial (Madrid) el pasado junio, hablamos de niños, educación y crianza, pero sobre todo de la vida. Fueron un total de nueve horas. Y sobre todo hablaron ellos. Especialmente Mauricio, concentrado y grave el primer día; más lúdico y condescendiente el segundo. También Rebeca brindó extensas explicaciones, centrándose en historias concretas y dando detalles esenciales para entender, transmitiendo hondura y verdad.
Estos encuentros los organizó Alavida http://www.alavida.org/
Rebeca y Mauricio explicaron sus experiencias, ahondaron en sus propósitos, repasaron sus fuentes, y compartieron su sabiduría con nosotros. Seguro que se les puede rebatir mucho, y preguntar mucho más todavía, pero la verdad es que apenas se dejan. Parece que no viajan tan lejos para entrar en polémica, no quieren convencer a nadie de nada, no quieren discutir ni salirse demasiado de su hilo argumental. Sólo quieren que les dejen "contar su cuento".
Y hay que decir que es un cuento hermoso. Un cuento que merece la pena ser escuchado, metabolizado y difundido. Un cuento que habla de las auténticas necesidades de los niños. De cómo aprenden a través de la actividad espontánea. De la suma importancia que tiene respetar la autonomía del bebé desde su nacimiento y así permitir que florezca su psicomotricidad global. De los procesos de vida.
Y de que el propósito de todo organismo vivo es realizar su potencial interno. Así, el auténtico objetivo de los niños es crecer desde su interior, desde dentro y hacia afuera. Y no al revés. De dentro hacia afuera y en relación con su entorno, que debe ser el adecuado, para permitirles que desarrollen plenamente todo su potencial. Mientras los adultos les acompañamos con respeto. Y no hay trucos para conseguirlo, pero sí mucha consciencia y una verdad: El niño sólo lo conseguirá gracias al AMOR.
¿Cómo siente el niño que es amado?
Para desarrollar su potencial, tener autonomía, sentirse seguro, ser sociable... En definitiva, para Ser, el niño necesita amor, AMOR en mayúsculas. Un amor que recibe a través de los tres sistemas del cerebro: el reticular, el límbico y la corteza cerebral.
-El reticular está conectado con el nivel corporal: aquí el amor es cercanía física, contacto físico.
-El límbico con el nivel afectivo: aquí el amor es mirada, señales, gestos.
-La corteza cerebral con el nivel cognitivo: aquí el amor es la aceptación "de lo absurdo del otro".
Y cuando el niño no recibe estos tres mensajes en sincronía no se siente amado. Podemos estar todo el día con él, pero si le desaprobamos a menudo con los gestos o criticamos su lado absurdo ("¡cómo va a estar durmiendo un dinosaurio debajo de tu cama!"), el niño no se siente amado. Y algo comienza a ir mal. El niño, inseguro del amor que necesita para crecer, empezará a hacer "lo que sea" con tal de recibir amor. Cuando un niño tiene dudas sobre si se le ama, desarrolla estrategias para buscar amor, y esto se convierte en su prioridad, relegando todo, dejando a un lado sus propias necesidades. Y, por ejemplo, se porta mal para recibir un castigo que le propicie atención y cercanía física.
En El Pesta tenían por norma no informar a los padres que sus hijos no se sentían amados, cuando así creían ellos que ocurría. Les hablaban de que los niños se sentían "poco respetados", que es políticamente más correcto y está bastante conectado. ¿Qué padre aceptaría que no le está manifestando AMOR a sus hijos? Si es lo que más quiere del mundo...
* Foto: "Tuli abraza a Nyla. 4 semanas", de Anne Gedes, publicada en su libro VIDA, Ediciones B. 2002